Cáncer ginecológico

El cáncer ginecológico es un problema de salud en Europa de primer orden, que en su conjunto, e incluyendo específicamente el cáncer de ovario, de útero y de cuello uterino, representa la tercera causa de cáncer en la mujer en Europa, por detrás del cáncer de mama y el cáncer colorrectal, y la tercera causa de muerte por cáncer tras el cáncer de mama y cáncer de pulmón.

Secuelas de los tratamientos médico-quirúrgicos oncológicos

Los sobrevivientes de cáncer ginecológico suelen informar de los efectos tardíos, incluida la disfunción vesical, intestinal y sexual, linfedema, fístulas o irritabilidad vesical, dolor, estenosis vaginal y problemas psicosociales (calidad de vida).

A medida que esta población oncológica crece, es importante reconocer el tratamiento a largo plazo de los efectos o secuelas de las intervenciones del cáncer, así como la terapia en los sobrevivientes del cáncer ginecológico, sus cuidadores y familiares. Sin embargo, muchos sobrevivientes continúan ignorando el aumento del riesgo de efectos tardíos de su diagnóstico y, a menudo, ni siquiera reciben la atención básica requerida.

Estenosis vaginal

El tratamiento de los cánceres uterino, cervical, vaginal y anorrectal comúnmente involucra radioterapia pélvica. Un efecto secundario comúnmente observado de la radioterapia pélvica interna, y aún más cuando se combina con cirugía, es la estenosis vaginal. Algunos autores observaron que la incidencia de estenosis vaginal inducida por radioterapia pélvica en mujeres con cáncer de cuello de útero era del 38%. Estos números son muy aleatorios en la investigación existente por lo que no se conoce con seguridad cual es su incidencia.

La radiación daña el epitelio vaginal, tejido conectivo y pequeños vasos sanguíneos causando inflamación y la muerte celular anterior. La disminución circulatoria, hipoxia de tejidos, pérdida de elastina, deposición e hialinización del colágeno y fibrosis conduce al adelgazamiento de la mucosa vaginal, menor lubricación y fibrosis. Esto causa sequedad, pérdida de elasticidad, endurecimiento y acortamiento vaginal. Todo esto conlleva una disminución o pérdida de la función vaginal.

Manifestaciones clínicas de la estenosis vaginal

La estenosis vaginal inducida por radioterapia se asocia comúnmente con la disfunción sexual, incluida la dispareunia y el sangrado poscoital. En casos severos, puede ocurrir una incapacidad para tener relaciones sexuales. Se reconoce que la gravedad del impacto de la estenosis vaginal puede ser multifactorial. También se relaciona con la dificultad para realizar los exámenes médicos a nivel intravaginal, lo que dificulta el control o seguimiento de la lesión tumoral.
En general, la estenosis vaginal puede impactar negativamente en la calidad de vida y representar una fuente a largo plazo de angustia psicológica y física.

Tratamiento convencional de la estenosis vaginal

Una revisión sistemática del 2003, que habla del manejo de las disfunciones sexuales en mujeres (entre ellas la estenosis vaginal) que han recibido radioterapia pélvica, aconseja diferentes tratamientos dependiendo de las diferentes fases de evolución. En fases iniciales, para intentar prevenir o limitar la reacción aguda: mantenimiento de la higiene, tratamiento de la infección y dilatación regular del canal vaginal. Siguiendo con el tratamiento de la reacción aguda: tratamiento activo de la ulceración, terapia de reemplazo hormonal (estrógenos y bencidamina – TRH) cuando está indicada y compensación por la sequedad de la mucosa con lubricantes. Prevención de los efectos secundarios tardíos: dilatadores vaginales, lubricantes y TRH. Por último, tratamiento de los efectos secundarios tardíos establecidos: oxigenoterapia hiperbárica y reconstrucción quirúrgica.

El fundamento de la dilatación vaginal es el de estirar la mucosa vaginal y romper las adherencias para mantener la permeabilidad vaginal. Es de gran importancia considerar al dilatador vaginal como una estrategia de prevención, así como de tratamiento.

Fisioterapia y estenosis vaginal

Actualmente, la fisioterapia se está desarrollando para abordar un tratamiento integral del paciente oncológico. Desde hace años aporta técnicas con distinta eficacia demostrada en el tratamiento de algunas secuelas de los tratamientos oncológicos como por ejemplo el linfedema. En una revisión sistemática del año 2016, donde concluyen diciendo que la fisioterapia puede prevenir y tratar la estenosis vaginal inducida por radiación.

En este mismo estudio también se observó que las mujeres que recibían fisioterapia de suelo pélvico presentaban menor grado de estenosis que las que solo habían recibido asesoramiento, lo que demostró la importancia de la fisioterapia para el tratamiento y prevención de la estenosis vaginal.

La fisioterapia aporta numerosas herramientas para el tratamiento de esta secuela del tratamiento del cáncer ginecológico.


A continuación, dejamos reflejada en esta entrada la historia de una de nuestras pacientes que tras el tratamiento del cáncer ginecológico, actualmente sufre estenosis vaginal.


*El proceso oncológico: los días grises de la fertilidad y la disfunción sexual*

Hace un año, febrero del 2020, me diagnosticaron cáncer de cérvix con 26 años. Y, ajena a todos los pensamientos que llegarían después, mi mayor preocupación fue la fertilidad. Había sido siempre mi gran objetivo vital personal.

Durante unas largas semanas de pruebas y analíticas, a finales del mes me reuní con el equipo de ginecólogos. En dicha reunión me comunicaron que la decisión médica sería una “histerectomía total”. Básicamente me iban a “vaciar”. Y lo más extraño y sorprendente fue mi reacción. Quería intentar la vitrificación de ovocitos o tejido ovárico antes de la operación y el posterior tratamiento oncológico. Sin embargo, en España al no ser legal la fecundación en otro vientre (aunque sea sin ánimo de lucro) se me negó tal acción.
Pero yo seguí buscando ayuda. Acudí a una clínica privada con la intención de tener una segunda opinión pero de nuevo la respuesta fue negativa. La ley no estaba a mi favor y debía resignarme y centralizar mi fuerza en vencer un cáncer.

Un par de semanas después todo cambió. El equipo de oncólogos y ginecólogos se reunieron conmigo para darme la noticia de que, por decisión médica, no iban a operarme y empezaría el tratamiento oncológico (radioterapia, quimioterapia y braquiterapia) en unas semanas. Ante tal información, de nuevo decidí retomar el asunto de la fertilidad y redacté, con ayuda y mucha información, una carta. En ella expuse las técnicas que se estaban realizando en hospitales españoles antes de recibir un tratamiento tan abrasivo y mi deseo de recibir ayuda para preservar la fertilidad. Esta vez esperaba encontrarme con otra respuesta. Y así fue. Semanas después, en una reunión médica, me comentaron que sabían de mis inquietudes pero ello conllevaría retrasar el tratamiento oncológico, lo que podría agravar la enfermedad. Y sin más.

Me es muy difícil explicar la sensación de impotencia que sentí aquel día. Muchas semanas perdidas que nunca recuperaré.

En mayo del 2020, tras finalizar el tratamiento de radioterapia y quimioterapia, comencé el tratamiento de braquiterapia. Podría dedicar páginas a este tratamiento, que jamás había oído y que jamás imaginé que ocurriera como ocurrió. Sin embargo, siguiendo el hilo de la fertilidad, tuve una reunión en la que me explicaron el proceder de este tratamiento y en la que decidí preguntar sus consecuencias (supongo que con el objetivo de ir preparada mentalmente). La respuesta fue simple y rápida: menopausia permanente e infertilidad. Con los ojos vidriosos me recomendaron acudir a ayuda psicológica si me viera en la necesidad. Todo un detalle, y perdonen la ironía.

“La desconocida estenosis”

Han pasado 9 meses desde que finalicé el tratamiento. Actualmente estoy lidiando con efectos secundarios como es la estenosis vaginal y que, gracias a la ayuda de profesionales como Mª Ángeles y la fisioterapia de suelo pélvico, me encuentro mucho mejor. Estoy recuperando mis tejidos dañados e hidratando zonas que han sido expuestas a tratamientos muy abrasivos.

Es difícil encontrar testimonios que hablen de tratamientos como la radioterapia y braquiterapia. Y más difícil es encontrar mujeres que hablen de sus consecuencias como es la estenosis vaginal, entre otras. En mi granito de arena para romper con el tabú del silencio femenino os cuento cómo lo he gestionado.

Una vez acabado el tratamiento oncológico, como es mi caso, y ante un cuerpo ya cansado a nivel físico y emocional, unos meses después topé con el gran problema de la estenosis vaginal. Situación que, en la mayoría de ocasiones, la enfrentarás sin información.

Todos los caminos, ya sea a través de información médica o lo que hayas leído en blogs, te llevarán al uso de unos dilatadores. Comencé la recuperación de un tejido que ha sufrido con unas rígidas herramientas, sin manual de instrucciones, que te producen mucho dolor, sangrados y, sobre todo, una gran *frustración*.

En ese largo proceso de aceptación de que necesitas ayuda, con suerte (como es mi caso) encuentras a alguien que te habla de la fisioterapia de “suelo pélvico” y te pone en contacto con profesionales como Mª Ángeles.

El dolor, los sangrados, la estrechez, las adherencias o los tejidos dañados son consecuencias desconocidas. Poco a poco, en cada sesión, vas notando como los tejidos mejoran, respiran y son capaces de extenderse un poquito más.

Con las adecuadas explicaciones, indicaciones y ejercicios, aprendes a gestionarlo todo mucho mejor. Porque la estenosis vaginal ni se presenta en casos aislados ni se solventa sin ayuda.

Desde la experiencia personal, recomiendo acudir a profesionales ya sea a través de los oncólogos (en mi caso) o directamente a fisioterapeutas especializados en disfunciones de suelo pélvico. La infoxicación o sobrecarga informativa a la que estamos expuestos (y en la que caerás por la desesperación) sólo te generará ampliar a niveles estratosféricos la frustración y el dolor ya acumulados.

Si pudiese lanzar un mensaje a otras pacientes les diría que los dilatadores no son el único tratamiento, que con trabajo y esfuerzo los tejidos pueden mejorar. No debemos cerrar los ojos ante las secuelas de estos tratamientos, además tenemos derecho a información sobre nuestra salud algo que es fundamental para nuestra calidad de vida. No debemos seguir escondiendo todo lo que tenga que ver con las disfunciones de esta zona.

Hoy estoy más cerca de recuperarme y con la madurez y el crecimiento en el camino recorrido (y la ayuda de buenos profesionales) más cerca de algún día quizás recuperar el ciclo, la salud sexual, y puede que la fertilidad.

 


«Llegará el día en el que las mujeres podamos hablar sin tapujos sobre las disfunciones de suelo pélvico que sufrimos. Ese día nuestras madres, hermanas e hijas podrán mejorar su calidad de vida»